26 julio, 2013
Escrito por Angela De la Vega

El miedo al pánico bancario ha generado entre los liberales una suerte de regulación sobre los depósitos que protegen en un principio del caos económico en caso de incidencias. Para que se entienda de una forma sencilla, hoy día la economía funciona del siguiente modo. Uno gana dinero con una actividad económica, bien sea a través del esfuerzo y del trabajo bien sea mediante una inversión.

Ese dinero se lo da a un banco para que se lo cuide o para que lo tenga en un depósito y obtener las rentas producidas por prestar al banco ese dinero durante un cierto periodo de tiempo. En el otro lado de la economía se sitúan los demandantes de dinero.

Estos necesitan algún tipo de fuente de financiación para poder poner en marcha su negocio, o comprarse una casa, o un coche. El banco presta dinero a estas personas. Y ese dinero sale de los depósitos de los que han ahorrado.

Según Xavier Sala-i-Martin, “es muy importante que se garantice que el dinero de los depositantes no se va a perder”. Si el dinero de los depositantes se perdiera, significaría que los bancos no podrían prestar, que otros no podrían abrir negocios ni comprarse casas.

Ello derivaría en un caos económico o en una crisis de liquidez como la que tuvo lugar tras la quiebra de Lehmann Brothers y que supuso el inicio de la mayor crisis financiera de la historia.

En una situación de recesión como la actual, las familias y las empresas se encuentran en una posición de incertidumbre en la que no saben si cobrarán a tal o cual cliente o si podrán pagar al acreedor de turno.

No saben si el negocio irá bien hoy o si mañana tendrán que cerrar la persiana. Es por ello que en general nadie gasta más de lo que debe por lo que el consumo se contrae y algunos pierden su trabajo y dejan de pagar sus facturas.

Esas pérdidas, derivadas de la imposibilidad de devolver los préstamos por parte de las empresas o de las familias, no se pueden trasladar a los depositantes por las razones expuestas más arriba.

Sala-i-Martin nos dice que los depositantes deben estar asegurados. Para conseguir esto existen los fondos de garantía de depósitos y una regulación muy estricta sobre como deben usar su dinero y todo esto constituye la regulación bancaria tradicional.

Qué es la banca en la sombra

Sin embargo hay ahorradores a quienes no les gusta recibir tan poco y prefieren arriesgar más dinero a cambio de unas retribuciones mayores. A su vez hay muchas empresas que buscan dinero y no lo encuentran en los bancos merced a una predisposición negativa de los mismos a prestar en la situación actual.

Ante la inexistencia de un mercado para estos compradores y vendedores aparece la figura del intermediario que pone en contacto a estos ahorradores con aquellas empresas y los unen para que los primeros presten a los segundos. A esto se le llama “banca en la sombra”.

Esas empresas, a las que el banco no ha querido dar dinero de los ahorradores habituales, conllevan un riesgo mayor que las inversiones habituales por lo que la posibilidad de perder el dinero que se les preste es mayor.

Además, esos préstamos concedidos a través de los intermediarios no están garantizados por ningún tipo de fondo ni tan regulados como los depósitos. Este hecho concede una mayor libertad de actuación a este tipo de agentes lo que supone una ventaja.

Pero, como ya hemos dicho, la mayor desventaja es el alto nivel de incertidumbre que aporta la inversión en esta clase de empresas. Algunos ejemplos de banca en la sombra son los ‘hedge funds’ o los ‘vehículos reestructurados de inversión’.

En España, estas inversiones están reguladas por la Orden EHA/1199/2006 y el Reglamento 15 de la Ley 35/2003 que desarrolla la orden del 25 de abril de 2006.

La CNMV, o Comisión Nacional del Mercado de Valores, recomienda que sólo aquellas personas con larga experiencia y profundo conocimiento en inversiones, utilicen este tipo de fondos.

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