20 marzo, 2014
Escrito por Ana Bort

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En momentos de incertidumbre económica y de crisis, las afortunadas personas que disponen de un empleo deben esforzarse más que nunca para demostrar su valía y que su puesto de trabajo no peligre. Esto no solo depende de su trabajo, sino de su rendimiento, su actitud y sus ganas de mejorar. A su vez, el estrés derivado del propio empleo o de intentar conservarlo puede actuar en su contra. Aquí les traemos diez formas de mejorar la productividad y el empleo y a la vez, reducir los momentos de estrés.

1. Para poder trabajar bien hay que haber descansado bien. Es impensable que a la larga una persona que haya dormido cinco horas pueda rendir como corresponde. Por lo tanto, es más que imprescindible incorporar a la vida diaria una buena rutina de sueño, una cena ligera y algo de ejercicio al salir del trabajo o al comenzar la jornada para tener el cuerpo preparado. Quien consigue dormir entre ocho y nueve horas cada día nota la diferencia. Pruébelo.

2. Cuando llegue al trabajo, tómese unos minutos para visualizar todo lo que tiene que hacer durante el día, como si fuera una jornada de un viaje. Explíquese a usted mismo que es capaz de hacerlo, que dispone de las habilidades necesarias y que solo hay que comenzar. No piense en el conjunto como una gran guerra, sino como pequeñas batallas vencidas, una detrás de otra. Cuando comience una tarea, dedíquele el 100% de su atención y no piense en lo que le queda por hacer. Solo en acabar lo que tiene entre manos. Así reducirá la sensación de estrés y de agobio.

3. Muchas veces es complicado hacer todas las tareas diarias porque unas se superponen con otras, algunas dependen de terceros o de mails que nunca llegan. Los aliados en este caso son la agenda, además del correo electrónico y la previsión. Apunte siempre qué necesita, de quién y para cuándo, así como quién necesita algo de usted y el deadline. Cúmplalo sí o sí y pida disculpas si hay retrasos inevitables. Con educación y buen humor puede enviar correos electrónicos a los contactos que necesita que le envíen esa parte de trabajo para continuar la suya el día anterior, recordándoles que al día siguiente lo necesita. Apunte a quién ha enviado sus correos y cuando le contesten, nunca olvide dar las gracias por la ‘prisa’ y por facilitar su trabajo. Ser agradable es gratis.

4. Las listas son la clave de un trabajo bien organizado. Tenga una lista de tareas imprescindibles diarias por orden de importancia, otra de tareas del día menos importantes y una lista de lo que hay que cumplir durante la semana. Sea realista, no apunte todo lo que sabe que no va a poder hacer e intente negociar plazos razonables con sus superiores si han sido demasiado optimistas con el tiempo. Vaya tachando lo que consiga y alégrese por los objetivos conseguidos.

5. Es necesario hacer pequeños descansos de un par de minutos entre hora y hora o cuando vaya acabando tareas y son mucho más beneficiosos que descansar durante media hora. Cuando acabe una tarea, levántese, estírese y si puede, baje a la calle o pase unos minutos cerca de una ventana. Relaje el cuerpo, no piense en lo que tiene que hacer después y charle con alguien sobre cualquier cosa que no sea el trabajo.

6. A veces aunque el trabajador se planifique para ser más eficiente, son los superiores quienes ‘interrumpen’ la jornada e introducen nuevas tareas sin pensar en el resultado final del día. Si es su caso y cree que es posible, hable con su jefe y acuerden ciertos momentos del día para tener reuniones (una hora después de comenzar la jornada, media hora antes de salir a comer, media hora antes de acabar la jornada) en la que se agrupen todos los puntos a discutir y se reorganice el día. De esta manera ambos evitarán interrupciones, pérdidas de tiempo y podrán organizarse el trabajo según esas pequeñas reuniones.

7. La tecnología es la gran aliada del mundo moderno, pero también puede ser un estorbo. Si puede, ‘desconecte’ del correo electrónico, Internet y las redes sociales las horas que lo necesite. Aproveche los descansos para consultar la mensajería, pero evite tener el teléfono delante encendiéndose con cada actualización o notificación. Avise a sus contactos de que quizás le escriban y no esté disponible, pero que lo hará cuando tenga un rato.

8. ¿Qué le produce estrés? ¿Es capaz de enumerarlo? Si es algo tangible (y solucionable) como la relación con sus compañeros o su jefe, la posibilidad de no ser renovado, la cantidad de trabajo o la desorganización de su departamento, no hay nada mejor para acabar con esa ansiedad que poner remedio. Piense qué puede hacer para mejorar la relación con sus compañeros, haga una lista de ‘tareas’ sobre ello y póngalas en marcha. Intente conocer las posibilidades de renovación y haga todo lo que esté en su mano para conseguirlas. Identifique lo que no funciona en su departamento y proponga en una reunión soluciones que sean consensuadas por todos. Quizás ser la voz cantante y enfrentarse a lo que le causa ansiedad le de miedo, pero solo quien se enfrenta a lo complicado consigue triunfar y avanzar. Piense que su agobio y ansiedad pueden acabar con su puesto de trabajo, pero su valentía puede reforzar su empleo.

9. Desconectar es clave para poder disminuir el estrés. Si puede, desactive el correo electrónico del trabajo de su smartphone e intente evitar contestar llamadas y mensajes de sus superiores o compañeros de trabajo sobre asuntos de la oficina fuera de su horario. Cuando tenga vacaciones, haga un esfuerzo previo por dejar todo preparado y evitar que tengan que contactar con usted. Hable de su trabajo con su familia, pero no de forma que se estrese o se enfade, más bien para encontrar soluciones y emplee más tiempo en hablar de su vida fuera del trabajo, para planear salidas familiares o en pareja, charlas sobre libros o películas o anécdotas que le llenen de buen humor.

10. Si ve que aún poniendo mucho de su parte sigue sintiendo mucho estrés y ansiedad, quizás un buen consejo es que acuda a un profesional para que le ayude y le de las pautas que consigan mejorar su estado de ánimo y su forma de trabajar.

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