26 agosto, 2014
Escrito por Pedro Cortés Soto

La cordura y muchas otras cosas que no vienen al caso nos obligan a no firmar nada sin haberlo leído y entendido primero. Esta lectura de lo que vas a firmar debe hacer especial hincapié en la letra pequeña, que es pequeña por algo, y suele ser donde aparecen las principales pegas de cualquier contrato. Es costumbre en muchos de nosotros no hacer demasiado caso a esa letra pequeña pero lo curioso de la situación que te plateamos ahora es que, al parecer, los bancos tampoco hacen demasiado caso de esa letra de menor tamaño.

En el pasado año 2008 un ciudadano ruso llamado Dmitry Argarkov cansado ya de los abusos de los bancos decidió darle un escarmiento a su entidad bancaria, el  Tinkoff Credit Systems, que tenía la sana costumbre de cobrar comisiones abusivas por todo así como de contratar servicios que él no había pedido. Cosa curiosa lo de este banco ¿verdad?

Harto ya de todos los abusos que las entidades bancarias cometen elaboró un sencillo plan para vengarse de ellas. Tomó uno de los mucho contratos que su banco le enviaba y por medio del programa informático de retoque de imágenes, “Photoshop” lo modificó de forma que nuestro protagonista podría tener acceso a préstamos al 0 % de interés sin tener que pagar ningún tipo de comisiones y además sin ofrecer ningún límite de crédito. Una vez realizada la modificación Argarkov lo firmó y lo remitió de nuevo a su entidad bancaria. A los pocos días este contrato fue recibido en la sucursal de su banco en Vorónezh donde ninguno de los empleados se molestó en leerlo y sin reparos los aceptaron y validaron.

Lo anteriormente comentado no fue la única cláusula que nuestro amigo ruso añadió al contrato sino que también en uno de los epígrafes este hombre incluyó un apartado que obligaba al banco a pagarle una sustanciosa indemnización de aproximadamente 80.000 euros si este realizaba alguna modificación en las condiciones que presentaba esa contrato. Además de existir una penalización de 160.000 euros si al banco se le ocurría la feliz idea de intentar rescindir o cancelar dicho contrato.

Dos años estuvo nuestro ingenioso amigo beneficiándose de las ventajas que le proporcionaba su ardid hasta que el banco decidió cancelar su cuenta, no porque se hubieran dado cuenta de lo que había hecho sino porque estaba permanentemente en números rojos. Además esta entidad le demandó por un valor de 1.000 euros por incumplimiento. La batalla legal por este rocambolesco asunto duró varios años y en ella los abogados de ambas partes defendían su respectivas posturas.

El abogado de Argarkov basaba el grueso de su defensa en el hecho de que  “el banco confirmó su acuerdo con los términos de mi cliente, le envió una tarjeta de crédito y una copia del formulario de solicitud aprobado”, “la línea de crédito abierta era ilimitada y, si lo hubiera deseado, Argarkov podía permitirse el lujo de comprarse una isla en Malasia, y el banco tendría que haberla pagado”

Estos argumento parecen convincentes ya que un juez ha fallado a favor de este hombre ruso dándole validez a ese contrato. Ahora es nuestro protagonista el que ha demandado al banco pidiéndole la cláusula de cancelación del contrato más un extra por los inconvenientes causados. Todo asciende a un montante total de 650.000 euros.  Un genio este ruso.

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