20 enero, 2014
Escrito por Jaume Navarro

España vive sumida en un proceso de devaluación interna, que está consistiendo únicamente en un descenso continuo de los salarios de los trabajadores, que al mismo tiempo está provocando una caída de su poder adquisitivo.

Según los expertos, el sueldo de los empleados españoles no aumentará durante los próximos tres años y será en 2017 cuando empezará a beneficiarse de alguna subida.

Lo que ha producido esta devaluación interna es que los trabajadores españoles sean más baratos que los del resto de Europa, mientras los beneficios empresariales se han quedado intactos.

Por ello, desde las instituciones privadas se espera que la contratación aumente debido a que los trabajadores españoles son igual de productivos pero la mitad de baratos que los europeos.

Así España ha optado por competir con otros países en relación a la mano de obra. Otros países como los nórdicos aprovechan el alto nivel de calificación de sus trabajadores para competir en eficiencia y calidad de producto.

El proceso de devaluación interna que eligió el Gobierno pudo optar por dos vías, bien disminución de gastos o bien disminución del margen de beneficios.

La economía española se ha decantado por la reducción del gasto y dentro de aquí eligió la reducción salarial. A pesar de que el gasto englobe diferentes partidas que puedes hacer más competitivo el producto a medio y largo plazo, se optó por la devaluación salarial y con ello se ha provocado el estancamiento del consumo interno que es el motor de la economía española.

Bañez ve coherente congelar el SMI

Por su parte, la Ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, declaraba que la congelación del Salario Mínimo Interprofesional en 645,30 euros, es totalmente “coherente” con la evolución de los salarios de los españoles.

La ministra defendía su medida por el comportamiento del Índice de Precios al Consumo (IPC), que aumentaba en un 0,3%, el aumento de la participación del trabajo en la renta nacional y la coyuntura económica.

Bañez aseguraba que la congelación del SMI contribuiría a la recuperación económica, la mejora de la competitividad y la creación de empleo.

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