6 diciembre, 2013
Escrito por José Ferrando

Cuando una persona se convierte en aval de una deuda se está embarcando en una de las gestiones financieras más arriesgadas, ya que se toma un importante grado de responsabilidad sin obtener ningún beneficio a cambio. Por ello, cuando seamos avales de otra persona, deberemos tener en cuenta una serie de precauciones mínimas que nos permitirán salir lo menos escaldados posibles.

Lo más habitual es que un aval nunca tenga que hacer frente al pago de la cantidad recibida por parte del deudor. Aún así, si esto sucede, suele ser muchos años después de contraer la deuda, por un empeoramiento de la situación económica de la persona que pidió prestado el dinero.

En esas ocasiones se le exige al aval que cumpla con su parte del trato y que cubra la deuda adquirida por la otra persona. En ocasiones esto suscita la pregunta sobre qué garantías tiene el aval para no arruinarse por culpa de la mala gestión financiera realizada por el deudor.

El aval no tiene más remedio que pagar ante una deuda que el titular no está resarciendo. De hecho, solo hay tres acciones que pueden “proteger”, con muchas comillas, al avalista:

1. Firmar un contra aval. Este contrato, ente deudor y avalista, certifica que en el caso de que el aval tenga que responder por la deuda, luego podrá reclamar el pago realizado al deudor. Para incrementar las garantías este documento se debería firmar el mismo día que el aval, para evitar que el deudor “escurra el bulto” y que nunca llegue a formalizarse esta parte del trato.

2. Avalar solamente una parte de la deuda. Si el aval solo se compromete a responder por un porcentaje de la deuda, esto impedirá que éste se endeude millonariamente si el deudor no puede (o no quiere) pagar su deuda.

3. Ir a juicio. Si el aval puede demostrar que el deudor puede pagar la deuda pero que no lo hace porque no quiere, puede llevarlo a juicio. Aún así la opción que más garantías ofrece es ir a juicio con un contra aval firmado.

Por último, hay dos cuestiones a tener en cuenta antes de convertirnos en aval de otra persona. En primer lugar, es que el aval solo regula las obligaciones del avalista con el banco, pero no establece ningún compromiso entre aval y deudor, de ahí la importancia de firmar el contra aval. Además, para préstamos no hipotecarios hay empresas de intermediación financiera que permiten obtener un préstamo sin comprometer a una persona como avalista, aunque a un interés mayor del que nos pueda ofrecer cualquier tipo de banco.

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