11 noviembre, 2013
Escrito por Jaume Navarro

El afán recaudatorio de algunas administraciones, les lleva a imponer gravámenes a cosas tan comunes como tener un perro, recoger setas o pintar la casa.

La cada vez más creciente sensación de que nada es gratis se confirma con la aparición de nuevas tasas. La situación económica y la falta de creatividad en la gestión de algunas administraciones les lleva a lo fácil, crear nuevas tasas y subir las existentes.

Impuestos incoherentes

En algunas administraciones se están dando casos de creación de tasas por cuestiones beneficiosas para la sociedad, lo que genera una completa incoherencia con la condición de la tasa, que es la reducción del comportamiento o el pago para costear el servicio, como en el caso de la tasa de adopción en A Coruña o el impuesto de Tarragona por tener perro, que gravan un beneficio social como la conciliación de la personas con un animal y las segundas oportunidades a animales abandonados o maltratados.

En estos casos se penaliza los buenos actos, lo que es una completa contradicción. Como la compra de fruta fresca en California, que al comprarla de la máquina se paga un 33% de tasas en el coste.

En Dinamarca e Irlandia también se intentó imponer un gravámen a los animales. Los dueños hubiesen tenido que pagar por cada vaca que tenían un impuestos por sus flatulencias.

Recaudar a toda costa

Los difuntos también son un nicho de ingresos. Para grabar en los cementerios de Valencia se ha de pagar. Zaragoza ha aumentado el alquiler de las sepulturas hasta un 450% desde 2007. Y en Granada se amenaza incluso con “deshauciar” a los difuntos por impagos de las tasas.

En Lleida se ha generado una tasa que cobra cada análisis de sangre a las personas que hayan dado positivo en un control de alcoholemia o de drogas.

Cataluña ha fijado 30 nuevas tasas para los presupuestos de 2014, algunas insólitas como la tasa por pedir subvenciones o la mediación laboral.

La Comunidad de Madrid estudia gravar la recogida de setas.

En otros países también se dan impuestos tan llamativos como la tasa por tener inodoro en Maryland, que grava cada inodoro que se tiene en la casa.

En Japón están considerando que los hombres más guapos y solteros paguen el doble de impuestos que los menos agraciados, para según ellos acabar con los problemas de natalidad.

En Bucarest (Rumanía), en 2011 se introdujo un impuesto del 16% para gravar las actividades de brujería y adivinación.

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